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Educación a lo Merkel en Molina de Segura


Cuando a Angela Merkel le preguntan por el secreto de las buenas cifras de empleo juvenil en su país, la canciller alemana responsabiliza siempre a la eficiencia del modelo dual de Formación Profesional (FP). La estadística le da la razón: en España la tasa de paro entre los menores de 25 años se encuentra ya en el 52,34 %, mientras en Alemania no llega al 8%. Joaquín Espín no conoce esos porcentajes al detalle, pero lleva ya dos años largos enrocado en una espiral a la que no encuentra salida: no tiene experiencia laboral, no hay trabajo. Y sin una primera oportunidad, «¿cómo consigo yo esa experiencia?», se pregunta impotente. El chico no ha perdido el tiempo. Es ingeniero técnico en Telecomunicaciones, y desde que comenzó, con sus 29 compañeros, el grado superior de FP dual que la Consejería de Educación ha estrenado, por primera vez este curso, en dos institutos de la Región, la vida se le va en kilómetros de carretera. Vive en San Javier, por las mañanas trabaja en Fuente Álamo haciendo presupuestos de ventanas, y cada tarde acude al instituto Francisco de Goya de Molina de Segura para ocupar su pupitre en el grado superior de Regulación y Control Automáticos. Conocer ya de primera mano la dureza del mercado laboral le hace mirar su pupitre en el aula, que comparte con otros once estudiantes seleccionados, como un puesto privilegiado. «Creo que lo es. Pronto empezaremos las prácticas en Estrella de Levante, y tener esa puerta abierta para meter cabeza y trabajar allí, para aprender y que te conozcan, es hoy en día una oportunidad», comenta.
Las prácticas remuneradas y con alta en la seguridad social son el principal gancho del nuevo modelo, que se imparte también en la especialidad de Química Industrial, en el IES Politécnico de Cartagena, cuyos 18 alumnos harán prácticas en Repsol. El plan de estudios combina durante los años que dura la formación las clases en el instituto, también muy prácticas y con tecnología de última generación, con el trabajo como aprendices.
El modelo está prácticamente calcado del plan de estudios alemán: en el segundo trimestre del primer curso, los estudiantes trabajan dos días en Estrella de Levante (cinco horas) y los otros tres días acuden al instituto. En el tercer trimestre la proporción se invierte, y trabajan tres días y estudian dos. El segundo año se mantiene todo el curso ese régimen. En el caso de Repsol, los alumnos alternarán su formación por meses, de forma que estarán un mes en el centro educativo y un mes en la empresa. Por sus prácticas reciben un sueldo del 80% del salario mínimo interprofesional (en proporción a las horas, entre 200 y 420 euros).
Un pellizco, pero que no es ni de lejos la motivación que ha llevado a los estudiantes a matricularse en el modelo dual. «Me interesan sobre todo las prácticas. Es una oportunidad para meter cabeza. Y el plan de estudios es muy práctico e interesante», expone Juan Bautista, de El Esparragal. El joven tiene además tiene cierta urgencia en empezar a trabajar cuanto antes, y pasar un mínimo de cinco años en la Universidad se le hace largo. «Con este grado trabajo desde el primer año, y en solo dos cursos puedo empezar a buscar un empleo. Tal y como están las cosas, lo veo más realista». Su compañero de pupitre, José Luis Yepes, comparte la idea. Tiene 21 años, y un futuro abierto que no descarta escalas en Alemania, por lo que valora más aún una formación adaptada a ese modelo. Como sus once compañeros, ha sido admitido por su buen expediente de Bachillerato y tras superar la intensa ronda de entrevistas en la empresa Estrella de Levante, que ha participado de forma directa en el proceso de selección.
Los dos ciclos formativos de Molina y Cartagena han inaugurado la experiencia piloto, pero la Comunidad proyecta extenderla el próximo curso a otros grados superiores relacionados con la informática, la fabricación mecánica o la industria agroalimentaria. La expansión dependerá de forma directa de la implicación de las empresas.
Precisamente en las evidentes diferencias entre el tejido industrial alemán y el murciano tropieza la Administración a la hora de copiar el modelo, que requiere de un número muy alto de empresas dispuestas a asumir una parte importante del coste.
Si los alumnos se sienten de alguna manera privilegiados, el profesor que coordina el módulo, Sergio Gallardo Vázquez, ha puesto muchas expectativas en el proyecto. «Soy profesor de Universidad en excedencia, y precisamente porque creo que la educación superior adolece de carencias que en FP sí están cubiertas. Un alumno de ingeniería no puede trabajar con los robots y la tecnología que tenemos aquí, donde prácticamente reproducimos una industria completa que los alumnos pueden manejar. Hemos puesto toda la carne en el asador», sentencia.